
El viejo Alone in the Dark a despertado dentro de uno de mis sueños, soy quien le dio alguna tarde de encierro al inexperto Carnby, el ánimo para seguir investigando aquellos sucesos tan oscuros que rondaban Derceto, trágica noche de suicidio y futuro siniestro.
Bajo la osada investigación de lo nocturno Carnby avanza sin resoplar ni un segundo de temor, cada gota fría se ve disminuida por el frío metal del revolver y la camara caliente por el fulgor de un disparo.

Solo y en la oscuridad, los fantasmas del presente parecen conocerle, le siguen como cuadros impensables, sombras móviles y demás extrañas criaturas que despiertan con la sed eterna de los llantos endiablados.
Yo hace millones de años, supe darle a Carnby el aliento y el ánimo, recolectando y camuflando el sudor por lo irreal de lo que frente a sus ojos se materilizaba. Tal parece que la maldad a programado hacer de las suyas entre las paredes de esta triste sombra, remero de alcoba.

Edward Carnby avanza inquieto, inseguro pero con la valentía que le rige cual brújula desencadenada. Su mejor amigo el revolver, dispuestos a percibir la fragancia de la maldad y arrancar a cada ser de las tinieblas todo rastro de existencia.
Esclareciendo en parte los hechos, pues el futuro se llenó ya de gris, el camino tiene las huellas de la liberación más oscura. Carnby sin quererlo es por eternidad la pieza clave diseñada para la salvación humana. Quizá sacrifique la vida por tu compañía en la luz.
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